Vicente Huidobro y su poema inédito a Buffalo Bill
Buffalo Bill Romance, de Carlos Pérez y Dani Sanchis, cruza la torre Eiffel, el show del Salvaje Oeste y un poema de Huidobro que estuvo guardado casi cien años. Un libro raro, en el mejor sentido.
Este es el tipo de libro que hace que la IA alucine y que los que reseñan no sepan bien qué escribir. Aunque se anuncie como “una crónica de Carlos Pérez muy ilustrada”, al hojearlo es natural que surjan dudas, como con esos libros que parodian manuales de autoayuda o guías de pesca y resultan ser novelas más o menos interesantes.
Hagan la prueba y combinen las referencias del título. Nosotros intentaremos aclarar de qué se trata sin arruinarles la experiencia, por supuesto.
Así se ve la tapa: tipografía de carpa de circo, un retrato de familia con "Buffalo Bill" Cody y el sello de Media Vaca, la editorial valenciana que lo publicó en 2013.
1. El formato. Es un libro alto y delgado. Un poco como Chile. Tapa dura, sobrecubierta, 168 páginas y un formato de 17 x 30 cm que destaca en cualquier biblioteca. La editorial Media Vaca se esmeró en todos los aspectos posibles: ilustraciones, fotografías, tipografía, espaciado, impresión a dos tintas para separar el texto de las notas (que a ratos terminan comiéndose el relato principal), peso y hasta el olor. Todo constituye una experiencia.
Tapa dura, sobrecubierta y un formato alto y angosto: en la contraportada, Media Vaca lista a los "héroes y villanos" del libro por orden de aparición, Huidobro incluido.
2. La atmósfera. Una mezcla de circo itinerante, vanguardias de inicios del siglo XX y canción de Bob Dylan bien traducida. Es decir, hay retratos que exigen cierto bagaje (Calamity Jane, Ramón Gómez de la Serna, Hans Arp1 o Black Heart) y otros más reconocibles (Gustave Eiffel, Arthur Conan Doyle, nuestro Huidobro).
3. Los personajes. Pronto se entiende por qué. El autor nos habla de Phineas Taylor Barnum, un publicista-charlatán cuyo circo sirvió de modelo; de un espectáculo que mezclaba freak show, zoológico humano y reconstrucción histórica, y del París de 1889, que estrenaba la torre Eiffel como símbolo de ingeniería y progreso, pero también de ambición modernista y patriótica.
Ese capítulo sobre la torre es, de paso, uno de los más vistosos del libro: Sanchis lo abre con una lámina a color de la Eiffel iluminada, y Pérez aprovecha la nota al pie para seguirle la pista al monumento más allá de 1889, comparándolo con los rascacielos que después le disputarían el récord de altura.
La torre Eiffel en 1889, en una de las láminas a color del libro, con una nota al pie que la sigue hasta el siglo XX.
4. El show. Estaba situado en un Salvaje Oeste relativamente reciente y lo protagonizaba Buffalo Bill, con su propia épica de cowboys peleando con indios (los malos, por supuesto), caballos enloquecidos, tiros y escenas coreografiadas para exportar la idea de frontera y grandeza norteamericana. En 1889 desembarcó en París, en plena Exposición Universal, a pasos de la torre recién inaugurada.
Una de las dobles páginas dedicadas al show: la puesta en escena del Salvaje Oeste y su relectura, en las notas al pie, de la batalla de Little Big Horn.
5. Huidobro. ¿Y qué hace un poeta chileno en todo esto? Huidobro nació en 1893, así que no alcanzó a ver ni la torre recién estrenada ni el show. Pero en 1914, todavía en Chile, escribió un poema titulado “El romancero de Buffalo Bill”, que permaneció inédito hasta este libro.2 Después, ya instalado en París, le dedicaría versos a la torre Eiffel. Carlos Pérez lo pone en el centro del relato, y no es difícil entender por qué: por esos años Huidobro era, además de poeta, un jinete y tirador competente, con un gusto por la aventura que lo acerca más de lo esperable al propio Buffalo Bill.
Huidobro fotografiado por Hans Arp, junto a la página donde el libro reproduce por primera vez "El romancero de Buffalo Bill".
El poema no es el único texto de Huidobro que el libro rescata. Sanchis le hace lo mismo que a los carteles de circo y a los manuales viejos: lo desarma y lo vuelve a montar como imagen. Con el “Manifiesto Tal vez” se permitió ir más lejos y convertirlo, directamente, en un tebeo ambientado en el Salvaje Oeste.
El libro no se queda solo en el poema: Sanchis convirtió otro texto de Huidobro, el "Manifiesto Tal vez", en un tebeo del Oeste completo.
Las viñetas siguientes continúan el mismo ejercicio, frase por frase: cada línea del manifiesto original —el rechazo de Huidobro a la poesía de máquinas y catálogos— se traduce en una escena del Oeste, con vaqueros, trenes y animales que persiguen a otros animales.
Las viñetas siguientes, todavía dentro del "Manifiesto Tal vez": Sanchis ilustra frase por frase el rechazo de Huidobro a la poesía de máquinas y catálogos.
El cronista y su ilustrador
Carlos Pérez (Valencia, 1947) no llegó a este cruce de casualidad. Estudió en la Facultad de Filosofía de Valencia, donde se tituló en Ciencias de la Educación, pero su trayectoria se volcó hacia el arte y la curaduría: en 1989 entró al departamento de Comunicación y Didáctica del IVAM, desde 2000 trabajó como curador en el Museo Reina Sofía especializándose justamente en la obra de Vicente Huidobro, y en 2005 dirigió el programa de exposiciones del MuVIM, enfocado en arte gráfico, fotografía y libro ilustrado. También ha escrito sobre Picasso, Grosz y Gómez de la Serna. En 2012 el gobierno francés lo nombró Caballero de la Orden de las Artes y las Letras.
Ese oficio de curador, acostumbrado a tender puentes entre imágenes de archivo y relato, se nota en cada página de Buffalo Bill Romance: no es un libro escrito por alguien que investigó a Huidobro para la ocasión, sino por quien llevaba años especializado en él.
El otro nombre detrás del libro es Dani Sanchis (Dénia, 1976), diseñador gráfico egresado de la Escuela de Artes y Oficios de Valencia, que desde 2002 lleva su propio estudio. Se sumó al proyecto en octubre de 2012 con el encargo de pensar el libro como objeto y salir a buscar imágenes; según cuenta el propio libro, tardó meses en localizarlas y de paso descubrió, entre otras cosas, un foxtrot en español dedicado a Buffalo Bill. Su técnica es el collage artesanal: recorta tipografías, publicaciones antiguas y materiales encontrados —lo que él mismo describe como convertir basura en tesoro— para armar las composiciones que abren cada capítulo del libro y que, más que ilustrar el texto, funcionan como una segunda narración visual en paralelo. Uno de sus hallazgos más llamativos fue convertir otro texto de Huidobro, el “Manifiesto Tal vez”, en un tebeo ambientado en el Salvaje Oeste.
Otra de las aperturas de capítulo: un manual de mecanografía de comienzos del siglo XX intervenido con un vaquero a lomo de bisonte, la mezcla que Sanchis repite —archivo más iconografía del Oeste— en cada capítulo.
William F. Cody, hacia 1862: el retrato que el libro elige para acompañar la semblanza de Carlos Pérez."Dani Sanchis por Dani Sanchis": el autorretrato con el que el propio libro presenta a su collagista.
Un choque de imaginarios
Buffalo Bill Romance se instala exactamente en ese cruce que, de alguna forma, determinaría la estética del siglo XX. ¿Es necesario explicarlo? Sí: colonialismo, barbarie, progreso, un norte global que subyuga, máquinas, cultura popular volviéndose pop.
El epílogo del libro: los 78 integrantes del elenco original del Wild West Show, retratados en 1883.
Pero en lugar de contarlo como simple anécdota histórica, el libro lo aborda como un choque de imaginarios: la verticalidad de la torre, símbolo de la ciudad y de la modernidad, frente al despliegue horizontal del Oeste y su mito de libertad ilimitada. Carlos Pérez sigue las huellas de ese encuentro como si fuera una película proyectada en la pantalla grande del siglo XX.
La operación es delicada y muy atractiva: situar a Huidobro, figura clave de la vanguardia chilena, en diálogo directo con el mito del Oeste y con la iconografía de la modernidad europea. No se trata solo de “rescatar” un poema, sino de mostrar cómo la imaginación poética chilena también se alimentó de espectáculos globales, ferias universales, zoológicos humanos (el último se montó en Bruselas en 1958) y héroes que cruzaban océanos y lenguas.
Ese vaivén entre archivo e invención se repite capítulo a capítulo. Cada uno arranca con una doble página numerada en rojo por Sanchis, y ahí desfila casi todo lo que el libro cruza: un reloj de torre, una carpa de circo, un retrato de época, la Eiffel iluminada, un collage de rostros y esa escena de la máquina de escribir.
Las seis aperturas de capítulo, cada una con su número en rojo: así se organiza el libro por dentro.
Pronto haremos un video sobre eso.
Notas
Hans Arp (1886-1966), también conocido como Jean Arp, fue un escultor, pintor y poeta franco-alemán, cofundador del movimiento Dadá en Zúrich en 1916. Su cruce con Huidobro no es casual: ambos circulaban por las mismas vanguardias parisinas de los años veinte. ↩ volver
El manuscrito del poema, fechado por Huidobro en 1914, es propiedad de un coleccionista privado que lo cedió para su publicación en este libro. Según explica el propio Carlos Pérez en sus notas, es posible que se trate de un boceto y no de una versión definitiva —no tiene la extensión de un romance tradicional— y algunos críticos consultados por él consideran más probable que Huidobro lo haya escrito entre 1916 y 1918, ya en Europa. ↩ volver
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