Expansión de dominio: hablemos sobre cómo el manga japonés aprendió a explicar el pensamiento universal
Desde 2011, el sello La otra h traduce al español la colección japonesa Manga de Dokuha, que convirtió a Nietzsche, Marx, Homero y hasta la Biblia en viñetas. ¿Simplificación o puerta de entrada? Un poco de las dos.
Existe un sello que lleva más de una década traduciendo la célebre colección japonesa Manga de Dokuha, que transformó clásicos de la literatura y la filosofía en mangas que han vendido cientos de miles de ejemplares en su país. Se llama La otra h y entre sus joyas están las versiones de la Biblia, el Tao de Lao-Tsé o las ideas centrales de Nietzsche, Maquiavelo, Marx o Freud.
Del shōnen al canon
Quien haya pasado la adolescencia entre tomos de Dragon Ball, Naruto o One Piece reconoce de inmediato el código: páginas en blanco y negro, personajes expresivos, ritmo de lectura rápido, onomatopeyas, líneas cinéticas, viñetas que estallan. Lo sorprendente es que, al abrir estos mangas, los golpes no son kamehamehas ni jutsus, sino discusiones sobre poder, soberanía, plusvalía, eterno retorno, infierno y paraíso.
La colección japonesa Manga de Dokuha (まんがで読破, algo así como “leérselo entero en manga”) parte de la idea de que la filosofía, la teoría política y la economía pueden resultar áridas para muchos lectores, pero que eso no impide contar sus conceptos clave a través de historias dibujadas. East Press, la editorial que impulsa el proyecto, toma obras canónicas y las convierte en relatos visuales que conservan la columna vertebral del pensamiento original, articulados como aventuras, trayectos o dilemas encarnados.
En Japón, esa apuesta se tradujo en un catálogo que llegó a los 139 títulos (numerados de MD001 a MD139, hasta que en diciembre de 2020 se interrumpió su distribución digital), desde Crimen y castigo y Guerra y paz hasta El capital, 1984 o El Anticristo. Un auténtico “canon en manga”: un archivo portátil de literatura universal, ensayo político, teoría económica y textos religiosos, todos en el mismo formato doméstico, un tomo de unas 200 páginas en blanco y negro, pensado para leerse en uno o dos días.
Y no fue un fenómeno de nicho: se vendían en tiendas de conveniencia como 7-Eleven, junto a la prensa y las revistas. Para julio de 2008, los primeros 17 títulos de la colección ya habían vendido más de 900.000 ejemplares en conjunto, un promedio de unos 35.000 por título. La adaptación de La fábrica de conservas de cangrejos (Kanikōsen), del clásico proletario de Kobayashi Takiji, superó las 200.000 copias y se convirtió en parte de un repunte más amplio de interés por la literatura de izquierda en el Japón de fines de esa década, coincidiendo con la recesión económica y un aumento de la militancia en el Partido Comunista Japonés. En ese mismo clima apareció El capital, el manga, que vendió 6.000 ejemplares solo en sus primeros días en librerías.
Imagen promocional de Manga de Dokuha. Arriba, 世界の名著 ("las grandes obras del mundo") y el nombre de la colección, まんがで読破. En las portadas, de izquierda a derecha: Don Quijote (Cervantes), Hakai (Shimazaki Tōson), El Príncipe (Maquiavelo), Gakumon no susume (Fukuzawa Yukichi), Rojo y negro (Stendhal), Kokoro (Natsume Sōseki), Indigno de ser humano (Dazai Osamu), el Antiguo Testamento, las Analectas (Confucio), Noche en el tren de la Vía Láctea (Miyazawa Kenji) y El capital (Marx).
Herder: el salto al español y la marca “manga filosófico”
La editorial Herder, con sede en Barcelona, lleva décadas publicando filosofía, teología y ciencias humanas en español. Cuando vio el impacto de Manga de Dokuha en Japón, decidió abrir una línea de adaptaciones bajo el sello gráfico La otra h, con la filosofía y la literatura como protagonistas.
La idea nació de una conversación entre Raimund Herder, al frente de la editorial, y el traductor e hispanista Marc Bernabé, sobre el mundo del manga. Herder se preguntaba entonces —según contó él mismo a la revista Yorokobu— “¿Hay otras formas de presentar textos de filosofía para un público más amplio? ¿No se podrían hacer mangas de filosofía?”. No tenía certeza de que funcionara: “No sabía cómo iba a funcionar. Era un experimento”, reconoció. El resultado le dio la razón: “Y resultó todo un éxito. Ya va por la sexta reimpresión”, contó sobre el primer título de la colección.
En 2011 apareció justamente ese primer título: Así habló Zaratustra, el manga, la versión del clásico de Friedrich Nietzsche que se convirtió en la puerta de entrada a la colección.
A partir de ahí, Herder fue sumando volúmenes que trazan un mapa muy reconocible de las grandes preguntas políticas y existenciales de la modernidad. En La divina comedia, el manga, Dante recorre el infierno, el purgatorio y el paraíso guiado por Virgilio y por la figura radiante de Beatriz, ahora en viñetas. El Príncipe, el manga condensa la mirada cruda de Maquiavelo sobre la conquista y la conservación del poder en escenas que parecen sacadas de un thriller político, mientras que El arte de la guerra, el manga traduce la estrategia militar de Sun Tzu a un lenguaje que hoy se relee tanto para conflictos bélicos como para tácticas empresariales.
Otros títulos se meten de lleno en la teoría política y económica: El contrato social, el manga pone a un Rousseau que discute ciudadanía, legitimidad y soberanía a través de personajes que negocian y chocan con las instituciones, y El capital, el manga dibuja la explotación, la plusvalía y la lucha de clases del clásico de Marx antes incluso de abrir el texto original. También están las adaptaciones más narrativas: Ilíada y Odisea, el manga reúne las dos epopeyas de Homero en una sola historia de héroes, dioses, viajes y regresos, y El libro del Tao, el manga deja que la voz de Lao-Tsé introduzca la noción de Tao —camino, fluir, armonía— a través de historias cotidianas.
La divina comedia, el manga: la presentación de Dante, Virgilio y Beatriz.El libro del Tao, el manga: un tazón que "es" porque existe y "no es" porque está vacío.
Y el catálogo no se queda ahí. También está Crítica de la razón pura, que se atreve con Kant (sí, con Kant); Discurso del método, donde Descartes duda de todo en viñetas; 1984, la distopía de Orwell que ya en papel parecía storyboard, y La Biblia. Nuevo Testamento, que completa el círculo con el best seller más antiguo de todos.
1984, el manga: el Ministerio de la Verdad, donde se reescriben las noticias del Times.
Esta constelación de títulos configura lo que hoy se suele llamar “manga filosófico”: una colección que no se limita a resumir argumentos, sino que busca narrar la experiencia de pensar, decidir y vivir bajo determinadas ideas.
¿Y sirve?
Es una simplificación, no hay que engañarse. Leer el manga de El capital no equivale a leer a Marx, del mismo modo que ver la película no es leer la novela. Pero la pregunta no va por ahí. La pregunta es cuánta gente llegaría a Kant sin un empujón, y para eso estos tomos funcionan: son puertas de entrada, no reemplazos.
Tienen sus riesgos, claro. Una trama necesita héroes y villanos, y eso puede convertir problemas estructurales (el capitalismo, el Estado, la Iglesia) en conflictos entre personas. Y la estética manga puede volver demasiado cool discursos que en su versión original eran bastante más incómodos. Nada que no se resuelva leyendo con un poco de desconfianza: la viñeta primero, el párrafo después.
Casullo sostiene que el populismo no es una anomalía democrática ni un engaño, sino un género narrativo: un pueblo dañado, un villano externo aliado con un traidor interno, y un líder que encarna la reparación. Leímos ¿Por qué funciona el populismo? pensando en Chávez, Trump y también en Kast.
Buffalo Bill Romance, de Carlos Pérez y Dani Sanchis, cruza la torre Eiffel, el show del Salvaje Oeste y un poema de Huidobro que estuvo guardado casi cien años. Un libro raro, en el mejor sentido.
Volvemos sobre este libro porque siempre vale la pena releerlo: Byung-Chul Han sostiene que no enfermamos por represión, sino por exceso de positividad. Lo leímos pensando en redes, FOMO y política chilena.